Unida y multitudinaria: así fue la marcha por Santiago en Salta

Como en todo el país se llevó adelante la movilización por la aparición con vida de Santiago Maldonado. Hubo un acto de cierre en Plaza 9 de Julio con representantes de distintos sectores.

por Emiliano Frascaroli

Al menos 4 generaciones, de distintas inclinaciones políticas y partidarias, organizaciones sociales, de Derechos Humanos, gremios, estudiantes y autoconvocados nos preguntamos¿Dónde está Santiago Maldonado?. La consigna es parte de un reclamo nacional e internacional por la aparición con vida del joven que, tras acompañar un reclamo de la Lof mapuche en Chubut, fue golpeado y desaparecido por Gendarmería hace más de un mes.

Cientos de carteles y decenas de banderas tiñeron la jornada del viernes en el microcentro salteño. Una sola columna, las mismas razones. Una extensión de tres a cuatro cuadras de caminata pura y dura, en un clima agradable. En ese contexto se desarrolló en Salta la marcha por Santiago Maldonado, un reclamo que se replicó en las principales ciudades de cada provincia.

A contramano del reclamo de decenas de miles de argentinos, como es costumbre, el Gobierno utilizó su carta comodín: el negacionismo. Primero fue la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien no conforme con ser la principal responsable de un hecho que resonó en todo el mundo atinó a mentir en declaraciones públicas, reveló el nombre de un testigo protegido en el Congreso y tomó partido brindando resguardo a Gendarmeria; después lo hizo Marcos Peña Braun, Jefe de Gabinete, quien se encargó de desestimar información clave del Poder Judicial de Esquel e hizo caso omiso a las declaraciones de los mapuches que acompañaban a Santiago al momento de la represión.

  • “¿Dónde está Santiago?” se escucha en el seno de la multitud
  • “Se lo llevó Gendarmería” contestó la gente.

La desaparición forzada de El Brujo, como llaman a Santiago sus allegados,trascendió fronteras hasta llegar a las planas de diarios italianos, ingleses, españoles. Inclusive Amnistía Internacional y la Convención Interamericana de Derechos Humanos instó al Gobierno Nacional que brinde respuestas de forma inmediata. Sin embargo, aún no se sabe nada.“Yo sabía, yo sabía, que a Santiago, lo llevó Gendarmería, represiva” fue uno de los cánticos en la calurosa tarde. Es lo que dicen las numerosas pruebas que el gobierno desoye.También se pidió por la renuncia de Bullrich.

Algunos discursos en el acto de cierre enmarcaron el caso Maldonado como parte de la institucionalización de la violencia, la cual se refleja, por ejemplo, en los recientes allanamientos a organizaciones sociales, de izquierda y afines al kirchnerismo de Córdoba luego de que éstas marcharan contra el Gatillo Fácil; se hizo alusión a laLey 26.160que espera ser tratada en el Congreso de la Nación para ratificar su prórroga (vence en noviembre) y, así, resguardar los derechos indígenas, los cuales se ven presionados por las multinacionales que pretenden despojarlos de sus tierras ancestrales. “Nunca Más es Nunca Más” retrataba un cartel en manos de una persona de aproximadamente 41 años de edad que reclama, una vez más y como tantos de miles, la aparición con vida de un militante desaparecido por las fuerzas represivas. Y, por si fuera poco, también recordamos a Milagro Sala.

La sociedad dejó un claro mensaje al Gobierno Nacional:estamos en pie de lucha. Y tal vez sea ése el factor que desconoce o más bien pretende deslegitimar la aristocracia que administra el Estado. Existe pues, una historia política en nuestro país comprometida con los Derechos Humanos que, con el advenimiento de la democracia en el ’83 y al menos doce años ininterrumpidos de compromiso por la Memoria, Verdad y Justicia a principios de este siglo, caló hondo en la sociedad. El peso simbólico es contundente. Tal es así que fueron por lo menos cuatro generaciones marchando par a par. Sin embargo, el mensaje del Gobierno con las represiones en Plaza de Mayo y en El Bolsón, concatenados a las medidas tomadas en los veinte meses de gestión, enciende alarmas y despierta- o debiera hacerlo- preocupación por cómo aglutinar la fuerza opositora y fijar un horizonte en común. Tal vez sea ése el principal desafío: encontrarnos unidos en cada medida impopular que tome el oficialismo, pese a las diferencias metodológicas en la práctica política, las estrategias de campaña o los posicionamientos y resquemores particulares de cada espacio.

En Salta, luego de numerosas y persistentes divisiones y sectarismo entre fuerzas políticas y organizaciones varias,esta vez hubo unidad. Otro mensaje, tácito, de un mensajero particular:Santiago Maldonado.