Salta será sede del encuentro de cronistas latinoamericanos

 

Quién cuenta eso que cuentan las calles de las ciudades y cómo se cuentan aquéllas anécdotas que arroja la vida: el formato crónica para vivificar espacios, tiempos y personajes. Hacia dónde van las narrativas en un mundo contemporáneo donde predominan las nuevas tecnologías.

por Emiliano Frascaroli

Desde siempre, la crónica ha sido ésa forma de contar algún sucedido, de algún lugar del mundo, que cuenta más de lo que parece decir. Que transmite más de lo que se puede ver. Y que reconstruye escenarios tan vívidos que una persona ajena a ellos los imagina como propios. La crónica es una construcción discursiva que invita a entrelazar pensamientos y sentimientos. Y lo hace de forma crítica, para develar eso que a muchos molesta y para transmitir eso que a veces no se cuenta, pero se siente.

A lo largo y ancho del globo, en cada rincón, existe al menos una historia para contar y cada una de ellas adopta sus formas. Es por ello que en el transcurso de la historia han ido variando de forma simultánea los lenguajes y los soportes por donde estas historias circulan; aunque, sí, pervive la esencia de construir algo que enamore e invite a sentir. “De crónicas y ciudades: la tibia garra testimonial” es un encuentro que se realizará en Salta los días miércoles 28, jueves 29 y viernes 30 en el Centro cultural Martínez Borelli (Alvarado 551), el Palacio Zorrilla (Buenos Aires 177) y el Museo Histórico del Norte en el Cabildo de la Ciudad. El evento es organizado por las cátedras de Literatura Hispanoamericana de la UNSa y Literatura Latinoamericana II de la UNJu y reunirá a estudiantes, investigadores, escritores, lectores y docentes de Latinoamérica.

El avance de las tecnologías configura las relaciones sociales y las crónicas, fruto de tales, no están exentas. En el armado de ellas brotan características del entorno y por inercia se vuelven permeables a condicionamientos que los consumos culturales demandan. Así también lo hacen los lenguajes: muchas veces respondiendo a necesidades y tantas otras creando nuevas ofertas. Es fundamental, entonces, atender a esto para ornamentar una crónica que sea capaz de penetrar en la mayor cantidad de personas, si ése es el objetivo. Dependerá de cada quien. Lo cierto es que el consumo socio-cultural influye en la construcción de una crónica y viceversa, tanto en su forma como en su contenido.

Periodismo de narración

Otro rasgo a tener en cuenta es la sobrecarga informativa que arrojan las redes sociales y la proliferación de medios de comunicación. Esta información interpela al usuario-consumidor que deja de ser tal para formar parte de ése contenido que circula. Se convierte, por lo general sin saberlo, en un sujeto de injerencia en el contenido que se difunde. De allí que los algoritmos de las nuevas plataformas- como Twitter o Facebook- tienden a agrupar a personas que consumen contenido compartido, por ejemplo. Al momento de realizar una construcción narrativa, la/el cronista tiene- o debe tener- en cuenta esto.

Asimismo, las condiciones socio-económicas, culturales, tecnológicas y políticas que yacen en el seno de las sociedades infieren en la construcción de las crónicas, las cuales se ven interpeladas de forma directa e indirecta por tales características. Todo dependerá del objetivo de la narración de los hechos: si lo que se necesita es un impacto en la opinión pública espontáneo, tal vez su difusión pronta será lo más óptimo, sin atender de lleno a sus conjeturas; si lo que se necesita es lograr mayor impacto, quizá un contenido trabajado con más tiempo que aporte mayor información para tratar el tema en cuestión en completud, tal vez la opción sea perseverarlo.

Tomemos algunos ejemplos: una persona que destina varias horas de su vida al trabajo tal vez no tenga tiempo para leer una crónica de larga extensión, aunque un vídeo que le demande tan sólo unos segundos o minutos sobre el mismo tema puede atraparlo de igual forma. Esto sobre los tiempos. Por otro lado, un pibe de 22 años que estudia y trabaja tampoco tiene o puede destinar tanto tiempo para consumir, por ejemplo, una crónica sobre un evento en un museo durante la semana en su ciudad, aunque tal vez sí lo haga un fin de semana si es sobre su club de fútbol. Esto sobre el contenido en espacio temporal. Además, una persona que no tenga acceso a internet tampoco podrá ver ése vídeo que circula por las redes, aunque si ese contenido es físico, en formato papel, hasta podría guardarlo. Esto sobre las condiciones y oportunidades.

El factor común de los ejemplos anteriormente expuestos es claro: no se puede generalizar, pero sí se puede imaginar en base a hechos de la realidad. Las condiciones son distintas y, por tanto, las formas y el contenido de las crónicas también deben serlo.

Ya sea una historia sobre “la doña del barrio”, el pibe que robó para comer, el accidente vial que nadie vio, la violación que destapó un calvario oculto, el club de fútbol de la infancia o la cultura popular de un lugar en particular, todas y cada una de ellas merecen una crónica para que, además de contar con sutileza ese sucedido, se encarne aquello que no se ve pero que se siente día a día en el corazón del pueblo. Lo subjetivo predomina. Y el objetivo se encasilla: despertar emociones a partir de experiencias reales. Transmutarlo al periodismo es una estratégica, pero no la única.

El evento “De crónicas y ciudades: la tibia garra testimonial” logrará reunir a docentes, investigadores, estudiantes, lectores y escritores del país y Latinoamérica. Comienza el miércoles 28 y termina el viernes 30 con arte musical de por medio. Será en la Ciudad de Salta, abierto a todo público. Este medio expondrá tres vídeos sobre El Milagro en Salta, La marcha por los 40 años del Apagón de Ledesma en Jujuy, y La vuelta a casa de Central Norte.

El evento: https://www.facebook.com/events/1928463480710193/?acontext=%7B%22ref%22%3A%2222%22%2C%22feed_story_type%22%3A%2222%22%2C%22action_history%22%3A%22null%22%7D&pnref=story