El “piropo” callejero ¿es acoso o halago?

El 8 de abril culmina la semana internacional contra el acoso callejero. Hoy se busca visibilizar cómo el “piropo”, que forma parte de este acoso en el que nos vemos sometidas las mujeres desde los 8 años, es mucho más que el deseo de un hombre por exaltar la belleza de las mujeres.

Por Naty Fernández

Desde muy temprana edad, nos vemos en la tarea de inventar estrategias para evitar ser vulneradas, creamos entre nosotras redes que nos permitan mantenernos seguras en las calles. Es común ver amigas fotografiando las patentes de los taxis, el típico “avísame cuando llegues a casa”, el ir informando de los lugares por los que te movés cuando vas sola, calcular los tiempos para no llegar de noche a determinados lugares, caminar con las llaves de casa en la mano, llevar gas pimienta, son algunas de esas técnicas que vamos heredando y transmitiendo por generaciones. Desde niñas la sociedad nos dice que las calles no nos están permitidas, cuando un hombre nos sigue, caminando o en el auto, cuando se atreve a susurrarnos en el oído, cuando ejerce una valoración sobre nuestro cuerpo, lo que nos está diciendo en realidad es que las calles y la vida pública le pertenecen a ellos.

Ante esta violencia, la organización de las mujeres para enfrentarla (y no solo evidenciada a través de las multitudinarias movilizaciones de las que han sido protagonistas) desmitifica la idea de que “el peor enemigo de una mujer es otra mujer”.Está claro que a la hora de cuidados, nos apoyamos primero en nuestras amigas, hermanas y madres, hasta con las mujeres que no conocemos ejercemos esta solidaridad(que desde los espacios del feminismo es llamada sororidad), aprendemos y nos cuidamos unas a otras, independientemente de la realidad que nos atraviese a cada una.

Desde hace años que el movimiento de mujeres busca cambiar la lógica de que el piropo debe ser considerado como un halago, hasta el punto en que hoy los hombres comienzan a hablar de éstos como violencia de género. El movimiento de mujeres es consciente de la necesidad que existe de la empatía y solidaridad de los varones y por ello que se empiece a cuestionar a quienes acosan, corriendo así el foco que suele centrarse en las víctimas, es un paso gigantesco, insuficiente para muchos pero extremadamente necesario para todas. Son éstas, las violencias mas sutiles, las que sostienen todo el aparato que se expresa en las violencias más brutales.

El femicidio, como punta del iceberg, es el detonante de un conjunto escalonado de agresiones que nos envuelven a las mujeres, que inicia en la exposición cosificada de nuestros cuerpos a través de los medios masivos de comunicación, pero que se expresan en el piropo callejero, en el acotado ingreso de las mujeres a las carreras científicas, la reclusión de las mujeres al hogar, la deslegitimación constante de nuestra palabra.

Visibilizar y desnaturalizar estos dispositivos es lo que nos va a permitir avanzar hacia un verdadero #NiUnaMenos. Al igual que cualquier ciudadano común, las mujeres queremos poder transitar por las calles sin sentir miedo de lo que pueda ocurrirnos, poder caminar o usar un taxi sin tener que pensar en una posible escapatoria para salvaguardar nuestra integridad física. El movimiento de mujeres lo deja muy claro cuando afirma “Las mujeres no queremos sentirnos valientes cuando salimos de casa, queremos sentirnos libres.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *