“Si pasa, pasa”: de nuevo, la tijera cortó el plan PROGRESAR

Como el año pasado, volvieron a dejar a miles de estudiantes sin el plan de ayuda económica. ¿En qué se gasta el dinero un estudiante?: los mitos, críticas y ridiculeces que brotan en la sociedad no se condicen con la realidad. El Anses y las instituciones académicas “se pasan la pelota”.

por Emiliano Frascaroli(*)

“Quieren vivir del Estado”, “son unos vagos”, “se lo gastan en boludeces” y “ya tienen el boleto gratis, qué más quieren” son algunas de las expresiones del habla popular que se multiplican cuando se trata de, por ejemplo, un plan de ayuda económica a un estudiante. Y esos dichos bien podrían aplicarse a un problema reciente: la quita de los planes Progresar a miles de estudiantes del país.

¿Cuánta verdad hay en esos dichos? ¿En qué se gasta el dinero un estudiante? ¿Cuál es el papel del Estado? ¿Qué respuestas dieron los organismos a cargo?: éstas son preguntas que cualquier persona podría hacerse.

Sobre los dichos, es más fácil recurrir a ejemplos de la vida.

Agustina tiene 22 años, estudia Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de Salta y, al igual que a miles de estudiantes, le sacaron el plan. Está en tercer año. Vive en un barrio común, como la gente común. Las mayorías de las veces cursa sus materias en la mañana y vuelve a casa cuando el sol se esconde. Con los $720 del plan Prog.r.es.ar saca fotocopias y compra los tickets del comedoruniversitario (muy limitados inclusive). Si le queda, carga la tarjeta para moverse los fines de semana, cuando visita un familiar o amiga. Cuando se topó con la cuenta vacía fue a reclamar al Banco, al Anses y a la UNSa. Cada una echó culpas a la otra institución.

Lucas tiene 24 años, estudia la Tecnicatura en Higiene y Seguridad en el Terciario del departamento La Caldera. Actualmente cursa su tercer año y también dejó de cobrar el Prog.r.es.ar desde mayo. Ya le había pasado lo mismo el año pasado. Vive en la zona sur de la ciudad de Salta, por lo cual debe destinar al menos un viaje de 2 horas hasta llegar al Instituto, lo cual obliga a gastar en por lo menos una de las cuatro comidas diarias. A veces, hace unas “changas” de trabajos informales que van surgiendo para enfrentar el costo de vida. Sin embargo, la plata no le alcanza: sumados ambos ingresos no completan ni un salario mínimo, vital y móvil. Sus gastos giran en torno a la compra de material de estudio, alimentación, carga de celular y alguna salida de recreación. Cuando le dieron de baja en 2016 hizo los reclamos y lo reincorporaron. Esta vez no tuvo tanta suerte.

Abigail tiene 23 años y estudia Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Salta. Transita sus últimos pasos antes de recibirse y está dentro del recorte aplicado al plan destinado a estudiantes. Incluso más: en mayo no le depositaron el monto y fue a reclamar logrando recuperar su derecho. Sin embargo, en junio fue distinto y no pudo esquivar la tijera del recorte. “Al final terminas diciendo ‘¡Ya fue!’”, comenta “desgastada” por tanta incertidumbre. Y agrega: “la verdad me da mucha bronca no sólo por mí, sino por los demás pibes que recién están empezando una carrera”. Los setecientos pesos los utilizaba para comer afuera de casa-porque los horarios dispares no permiten un cursado organizado en franjas horarias-, sacar fotocopias, cargar los cartuchos para imprimir y costear gastos en algún viaje de campo que realiza en el interior de la provincia para adquirir experiencia en territorio, parte de la formación profesional.

Juan es hermano de Abigail y es recién ingresado en la vida universitaria. También fue dado de baja. No le depositaron, fue al ANSES y luego al Banco: la respuesta fue que en el mes próximo volvería todo a la normalidad. Estos trámites fueron en mayo. Sin embargo, en junio tampoco le depositaron el plan. “Me duele más por los chicos que recién están empezando a estudiar y no van a tener este apoyo”, lamenta su hermana. El joven sólo pudo invertir el dinero en las primeras cartillas de la carrera.

Esa plata para algunos será mucho, para otros poco, y para otros lo suficiente para realizar la cursada. Las respuestas de las entidades estatales son distintas siempre, sin importar quién consulta: “errores administrativos”, “la culpa es de ANSES” o “la culpa es de la UNSa”, “ya se van a cargar de nuevo los datos”, etcétera.

Así, vale aclarar ciertos puntos que responderán a los mitos planteados al principio:

  • No puede ser vaga una persona que está en 2°, 3° o 4° año de su carrera;
  • Con $720 no se puede vivir;
  • Los gastos del Prog.r.es.ar no son “boludeces”, sino comida y material de estudio principalmente;
  • El “Pase Libre”, convertido en Ley recientemente, es una inversión del Estado en convenio con la empresa privada SAETA. La educación y el transporte público son derechos humanos.

¿Qué es eso que se busca con el plan?

El plan Progresar está destinado a jóvenes entre 18 y 24 años que no estén trabajando, o trabajen de manera informal o que el monto de sus ingresos no superen 3 salarios mínimo, vital y móvil. El monto desde 2015 es de $900, de los cuales se retiene un 20% (es decir $180) de manera retroactiva. Surge como un paliativo económico para contribuir a la igualdad de oportunidades que toda sociedad necesita.

Además, según las cifras oficiales, hubo un fuerte recorte entre el presupuesto del año anterior y el de este año: de 8.047 millones de pesos estipulados para 2016 bajaron a 5.520 millones en 2017. Esto equivale a un ajuste de más del 30%, y en más de siete meses el gobierno sólo ejecutó un 22% de ese presupuesto.

Palabra oficial

“El Ministerio de Educación y Deportes ha vuelto a requerir a las jurisdicciones e instituciones de nivel superior (terciarios y universitarios) que verifiquen el cumplimiento de los requisitos académicos de los alumnos identificados como no-informados, a fin de remitir la información a la ANSES y habilitar los pagos pendientes de esta prestación”, precisaron en un escueto comunicado del Anses, cartera que dirige Emilio Basavilbaso, apuntando al área que administra Esteban Bullrich, la de Educación.

Y en un intento por justificarse arrojaron: “los controles en PROGRESAR son para que el beneficio llegue a los estudiantes. Si vos estudiás, vas a seguir siendo parte del programa”. Esta última “aclaración” más bien oscurece el panorama: desprende una lógica de que para justificar los recortes hay que decir algo similar a que “muchos no estudian” o “son vagos”. Tal como los mitos anteriormente desmentidos. Puras canalladas.

Lo cierto es que al dinero lo usan para sacar fotocopias. También para comer o para cargar el celular. Y en el mejor de los casos, para salir un fin de semana al mes. No es un regalo que baja del cielo ni mucho menos un monto muy abultado. Pero sirve. Sirve porque ayuda a que las personas que no tienen un respaldo económico para que puedan tener un ingreso y así costear los gastos del día a día. También, y principalmente, sirve para fomentar la inclusión social.

No es capricho encender alarmas: días atrás les tocó a las personas discapacitadas quienes perdieron su pensión no contributiva. Y también les toca de cerca a las personas viudas. Hoy puede ser un estudiante, un jubilado, un trabajador de cualquier parte del país. Mañana, puede tocarte a vos.

(*)Consejero superior de la Universidad Nacional de Salta