“Los Lustras” quieren conformar su Asociación

Los trabajadores de la calle que se encargan de limpiar el calzado, más conocidos como “lustra botas”, buscan conformar su Asociación. En el camino, tejen relaciones con los políticos de turno: los escuchan, sí, aunque no les brindaron aún las soluciones.

Por Emiliano Frascaroli – Foto: Matías Montiel

Con emoción y entereza, Juan y su familia visitaron la Universidad Nacional de Salta. Era de noche y la temperatura bajaba gradualmente. La cátedra Gestión y Diseño de Políticas en Comunicación, de la carrera Lic. Ciencias de la Comunicación, organizó un encuentro con diferentes organizaciones civiles para que los estudiantes conocieran su realidad y, a partir de eso, pudieran elegir con cuál trabajarían sus intervenciones en la parte práctica.

Entre ellas se encuentra la comunidad de “Los Lustra Botas”, quienes aún no tienen una estructura organizacional. Quieren levantarla y están buscando cómo encaminar para lograr tal cometido. Las convicciones son fuertes.

“Querían venir todos los changos, pero les dije que aguanten, que para la próxima caemos” comenta Juancito, lustra botas desde niño. Trabaja en el conocido casco histórico salteño. Su compañera y las cuatro pequeñas que trajeron al mundo miran con asombro la casa de estudios: el anfiteatro es un poco más grande que la escuela adonde asisten y no hay uniforme que los estudiantes debamos usar. Mientras, Juan comunica la situación de los lustras.

Los primeros pasos

Todas las obras y peticiones que hacíamos, fueron rechazadas. Ya no entraban porque Miguel (Isa, actual vicegobernador) tenía que pedir permiso al Gobernador y al no tener una respuesta no se dio nada. Lo de los bolsones se acabó. Para Navidad, habían traído bolsones, pan dulce, cidra, nos daban zapatillas… pero pasó el tiempo, y se terminó todo de un día para el otro, y no nos quedó de otra que darle la espalda a la Cooperadora (Asistencial), a todos los políticos, y empezar de nuevo” comenta el trabajador de la calle. El sentido de la política salteña es claro: los políticos se acercan esporádicamente para que, en una nueva jornada electoral, aquellas personas se acuerden de la “ayudita” que brindaron. Desprende, así, una lógica caritativa. Juan busca organizarse con sus compañeros y compañeras moviendo fichas en el tablero para empoderarse; se mueven desde la solidaridad.

“Hablamos con el Doctor Villada del Concejo Deliberante, que es el jefe de todos. También se acercaron, Gastón Galindez (presidente de la Comisión de Obras), y David Leiva (presidente de la Comisión de Cultura, Educación y Prensa)” con quienes “esperamos seguir trabajando” para lograr conformar la Asociación. “Venimos empezando desde abajo de nuevo; hoy nos dieron 150 cajones y ya nos han comenzado a dar los uniformes” comenta Juan a un grupo nutrido de estudiantes. Y lo analiza luego: “Todos tenemos el mismo, ¡Pero qué lo vamo’ a usa’! Para el verano, nosotros preferiríamos tener pantalones 3/4, una camisetita ¿Entendé? Y para el frió, un pantalón vaquero. Sino un deportivo, una remera, un buzo, una campera, y también una gorrita”. La identidad, que no se toque: una política pública debiera moldearse de forma participativa, así podrán saber qué es lo que necesitan y quieren aquellas personas que serán destinatarias.

Para el verano, nosotros preferiríamos tener pantalones 3/4, una camisetita ¿Entendé?

Burocracia y Justicia Social

La idea es acceder a una personería jurídica, la figura legal que les permitirá tener representación como trabajadores de la economía popular y, así, participar activamente de la vida política. “Con la personería jurídica vos ya podes pedir tus gestiones, porque vos ya has pagado al gobierno $10.000, que es lo que nos pide ahora el Estado – antes eran 5.000-“ afirma. La cosa va enserio: “Ya juntamos fotocopias con los datos de 90 Lustra Botas de la Plaza de Julio, del Mercado, de la Legislatura, de la Terminal (que son los mas viejitos) y buscamos darle un bolsón a cada uno” comenta a este medio El lustra botas de la (plaza) 9 de Julio.

Las necesidades son explícitas: hay hambre. Son alrededor de 120 familias que costean el día a día con los ingresos logrados en la calle; lustrando botas y zapatos, o vendiendo “luces voladoras” –sí, de esas que te venden en la peatonal arrojándolas al aire-.

“Nosotros somos jóvenes y todos llegamos a viejo. El “mollito” – que es el más viejo de todos-, el Lustra Botas que estaba en frente del Mc Donalds, era una persona grande que gritaba “¡Lustra! ¡Lustra!”… y murió sin tener un aporte jubilatorio; terminó pidiendo monedas porque ya no podía lustrar más” comenta recordando un compañero. La postal no es de las mejores: en los sectores excluidos por el sistema no queda otra que sobrevivir. “¿Cuál es la idea? Como Lustra Botas también queremos tener una aportación. Nosotros podemos pagar una aportación ¿ve? En la AFIP. Y si pagamos 50 pesos mensual o 150 pesos mensual, ¿Es la aportación, me entendés?” explica.

El “mollito” murió sin tener un aporte jubilatorio; terminó pidiendo monedas porque ya no podía lustrar más

Bien encaminados, los lustras buscan pagar la mínima del monotributo o más bien que la figura legal de la Asociación les permita realizar un aporte jubilatorio. Lógico, legítimo y valedero. “¿Pero a nosotros quien nos aporta los 10.000 pesos para que paguemos la personería jurídica?” vuelve a preguntarse Juan, adelantando en su mente la respuesta: son los funcionarios públicos quienes debieran responder.

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En síntesis, los lustras quieren trabajar aportando al Estado para que éste, a través de sus organismos, vele por sus necesidades. Así, podrán jubilarse a la edad que corresponde, tener la garantía de ejercer los derechos cívicos.

Lograr conformar la Asociación es el objetivo. Esto permitirá que la comunidad de los Lustra Botas participe de la vida política: que proteste cuando crean que se les vulnera un derecho, que debatan cuál es el rumbo que piensan deben tomar, dialoguen constantemente y promuevan mejorías en su relación social. A su vez, la sociedad toda está invitada a repensar la imagen que tienen de los trabajadores excluidos. Y el gobierno tiene que marcar posición, si decide acompañar la iniciativa o no. Las necesidades ya están planteadas. La próxima vez que esas niñas visiten la Universidad deberá ser para estudiar la carrera que más les guste.

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