La Noche de los Bastones Largos

Se cumplen 51 años de la noche en la que las universidades fueron intervenidas y ocupadas militarmente durante la dictadura de Onganía en los que se conoció como la Noche de los Bastones Largos.

El 29 de Julio de 1966, un día después que el presidente Arturo Illía fuese derrocado, el dictador Juan Carlos Onganía emitía la orden de intervenir y depurar las universidades, fueron disueltos los Consejos Directivos y Superiores, y los Decanos y Rectores debían rendir cuentas al Ministerio de Educación. Esta intervención incluía el cesanteo de docentes e investigadores sin importar su nivel académico, lo que significó un revés gigantesco para la educación argentina.

La noche de ese 29 de Julio las autoridades, docentes y estudiantes de la UBA se negaron a acatar las disposiciones del gobierno de facto lo que significó la ocupación militar de la universidad.

Según relata el profesor Warren A. Ambrose, en la carta publicada el 3 de agosto de 1966 en el New York Times, la ocupación por parte de las fuerzas armadas ocurrió con total violencia, aunque quienes se encontraban allí no presentaron resistencia ni se encontraban armados, de las 300 personas reunidas, estima que 20 eran profesores y el resto estudiantes y auxiliares docentes, entre ellos se encontraba Félix González Bonorino, el geólogo más eminente del país en ese entonces.

Producto de las intervención de las universidades se estima que 700 de los mejores profesores e investigadores abandonaron el país y continuaron sus brillantes carreras en el exterior, este éxodo se conoció como la Fuga de Cerebros.

Los Bastones Largos en Democracia

Desde la asunción del gobierno de Cambiemos (UCR-PRO-ARI), en diciembre de 2015, se ha profundizado el accionar represivo, no ha pasado desapercibido el ingreso de las fuerzas armadas en las distintas Universidades Nacionales, violando así la autonomía universitaria establecida en la Ley de Educación Superior, conquista obtenida en la reforma universitaria en 1918.

En este último año, en la Universidad Nacional de Salta no solo hemos presenciado la detención arbitraria de 11 estudiantes que salían de jugar el torneo San Martín, organizado por la universidad, sino también la presencia de dos efectivos policiales apostados frente a las facultades de humanidades y naturales. A estos gravísimos hechos se suma el intento del Rector, el contador Antonio Fernández Fernández, de limitar la participación política en la universidad, exponiendo la disputa electoral como un mercado o feria, vaciando de contenido político lo que significan las elecciones en nuestro país.

Es sabido que en las elecciones próximas, el Presidente Mauricio Macri necesita aumentar su fuerza en las cámaras legislativas para poder profundizar las medidas que ya viene aplicando. En este último tiempo se viene hablando de “acabar con las mafias de los juicios laborales” y la necesidad de implementar la reforma aplicada en Brasil, reforma que roza el esclavismo. Así mismo el Ministro de Educación, Esteban Bullrich, declaró la necesidad de rever la Ley de Educación Superior, pero no dio más explicaciones sobre el acceso irrestricto, lo cual es preocupante teniendo en cuenta los dichos del presidente Macri sobre la proliferación de Universidades Nacionales durante la gestión de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Los Bastones Largos no descansan, hoy se pintan de democracia, pero mientras se siga recortando presupuesto en materia de investigación, mientras se sigan orquestando políticas para provocar una nueva fuga de cerebros y las FFAA sigan ingresando a las universidades, la “grasa militante” tampoco va a descansar. El movimiento estudiantil y la defensa de la educación pública son bastiones de nuestra historia como argentinos y argentinas y gestionar reformas que atenten contra el derecho de los ciudadanos a acceder a ella podría despertar al gigante dormido.