La Municipalidad ordenó el cierre de los kioscos de afuera de la UNSa

Pretenden la pavimentación de la avenida Fuerza Aérea, lindante al barrio Ciudad del Milagro. Los comerciantes piden que los ubiquen nuevamente ya que “es el sostén para sobrevivir”.

por Emiliano Frascaroli

La Dirección de Espacios Públicos dependiente de la Subsecretaria de Control Comercial de la Municipalidad de Salta administrada por Gustavo Ruperto Sáenz notificó a los puesteros ubicados en los alrededores de la Universidad Nacional de Salta que deberán “retirar el módulo (kiosco) y todos los elementos que hacen a la actividad comercial” para “dejar el lugar totalmente desocupado”. Les dieron un plazo de 30 días, que vence el 5 de noviembre próximo.

Si bien es promesa de varios años y su elaboración transita una etapa prematura, la Pavimentación de la Avenida Fuerza Aérea es un hecho. Sin embargo, los kioscos ubicados en el lugar llevan consigo una trayectoria que no es fácil dejar atrás: la actividad significa el ingreso de más de diez familias, representa una opción recurrida por una gran cantidad de estudiantes y, además, pone en movimiento el comercio interno de la zona. La mayoría se ha instalado hace más de 4 años.

Juan Carranza instaló su negocio de venta de comidas afuera de la Universidad hace siete años. En el local trabajan 3 personas más, quienes afirman que ése trabajo “es el único sostén” que tienen. “No es así nomá de que te vas, tienen que ubicarnos en otro lado”, comentó a este medio Carranza. El pedido de desalojo dejó en un mar de dudas al comerciante que explica que su actividad no es “para llenarse de plata” sino que “es para mantener nomá”.

Su puesto tiene una base de cemento y una infraestructura que alberga varias mesas para el almuerzo de quienes pasan largas horas en la UNSa. “Cuando hay clases se aumenta (la venta) y cuando no, se viene todo abajo”, comenta sobre su actividad. Carranza ya inició los trámites, aunque confiesa hacerlo individualmente y no en conjunto con los demás puesteros.

Justo al frente del local de Carranza se encuentra el de Ángel, hoy por hoy administrado por su hija Lorena Peralta. Se ubicaron allí hace aproximadamente 5 años. El pedido de la Municipalidad para despejar la zona les cayó “muy mal, porque uno de esto vive”. Son tres familias que dependen de los ingresos que provee el negocio gastronómico.

Los primeros pasos a dar- cuenta Lorena- fueron averiguar cuándo es que pasará la maquina a la altura de la puerta de ingreso de la UNSa, donde están instalados. Todo depende de cómo avance la obra que por el momento transita a la altura del supermercado Chango Más, a unos doscientos metros del lugar. De allí es que- dice- esperan que los dejen trabajar hasta diciembre (período académico) y una vez terminada la avenida, los reubiquen en la vereda de la Universidad. Al menos ése es su deseo, que hasta podríamos llamarle derecho.

“Supuestamente cuando comiencen las clases el año que viene todo estará terminado” comenta a este cronista mientras cocina un huevo en la plancha. Y para que quede claro que no es una cuestión fácil de resolver con un desalojo, explica: “todos vivimos del trabajo de acá, y los estudiantes ya nos conocen”. En las mesas un grupo de 3 estudiantes espera su comida.

Lidia Burgos vende desayunos hace 5 años. Ahora, alquila un local que fue equipado gracias a un préstamo adquirido para invertir en los muebles y la mercadería. Su hijo iba a administrarlo, pero ahora se enfermó y es Lidia quien lleva adelante el trabajo.

Desde la Municipalidad le dijeron que “tienen que ir a ver el lugar” donde se llevaría adelante la obra. “Yo les dije: ‘déjenos hasta fin de año, que terminen las clases, total la obra está lejos todavía’”, cuenta Burgos. Cuando arribaron al lugar, al estilo de una ‘inspección ocular’, les dijeron que verían al ingeniero para que les cuente el plazo de la obra. “Hasta el 5 de noviembre no hacemos nada”, remató quien brinda la posibilidad de un desayuno antes de clases, sin importar estación temporal. La semana entrante volverá a las oficinas municipales para ver qué solución les dan.

El camino

Los puesteros consultados por este medio, tanto quienes se ubican en la Avenida Fuerza Aérea como en la Avenida Bolivia, fueron notificados por la Municipalidad de Salta para despejar el lugar. A ninguno le ofrecieron una solución, ya sea temporal o definitiva. El plazo de 30 días ajustado al artículo 57 de la ordenanza municipal 6240 que avizora la retención de los materiales de trabajo con la fuerza pública en caso de que sea necesario- es decir, concluido el plazo y no acatada la orden- llamó la atención de los comerciantes, que esperaban se proponga, también, soluciones reales.

La misma ordenanza que regula la actividad comercial en los espacios públicos ya dispone de un tamaño tipo acorde a las dimensiones de las veredas, por ejemplo. Se trata del artículo 43 de la mencionada normativa la que autoriza la instalación de quioscos en la vía pública, tal como muchos de los puesteros pretenden. Quizá sea ése el camino a seguir, para regularizar la actividad en los puestos y, así, darle uniformidad a la infraestructura de los comerciantes para que mantengan su herramienta laboral.

La reubicación de las familias que trabajan en el comercio alrededor de la Universidad Nacional de Salta no representa una opción, sino una salida necesaria. Y esto no es sólo porque así se resguarda el derecho a un trabajo reinventado para la subsistencia, sino porque también se reconoce la necesidad de los estudiantes de tener opciones para alimentarse: el Comedor Universitario garantiza el almuerzo a 700 estudiantes por día, sobre un total de más de 31 mil. Además, el bajo costo de las comidas en las zonas aledañas a la Universidad permite una solución al paso para quien no cuenta con el capital que demandan las confiterías de dentro. Y, por supuesto, la actividad comercial enciende el motor en el mercado interno de la zona.