La Educación Superior y el rol del Movimiento Estudiantil

 

Casi cien años después de la Reforma Universitaria de 1918, la estructura del Sistema Educativo se resiste a romper cadenas del pasado. La lucha del movimiento estudiantil en el seno de un paquete de políticas educativas orientadas hacia la mercantilización.

por Emiliano Frascaroli

La Ley de Educación Superior 25.421 promulgada en 1995, en plena década de neoliberalismo, presenta ciertas contradicciones que obstaculizan la construcción de una sociedad igualitaria. Hija de un proyecto político que promovió el achicamiento del Estado para darle protagonismo al capital privado, la LES alienta los criterios de productividad y eficiencia, delimita la autonomía universitaria en la formulación de los planes de estudios, controla a las unidades académicas a través de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria- CONEAU-(1), y abre el camino para la competitividad entre unidades académicas con el previo desabastecimiento.

La LES allanó el camino a la injerencia de las entidades privadas en los planes de estudio: con ahogo presupuestario estatal, las instituciones educativas públicas de nivel universitario se ven endebles a la participación de organismos exteriores. Se construyen vínculos que en su mayoría terminan siendo contraproducentes, ya quepresionan y persuaden a las Universidades con recursos económicos atados a condicionamientos en la formación docente. Para hacerlo más sencillo construyamos un ejemplo no muy alejado de la realidad: una empresa que trabaja con el suelo y las plantas- como Monsanto, la empresa madre del agrotóxico- podría financiar un laboratorio para quienes se especializan en el rubro y, así, proponer sugerencias en los planes de estudios para que el conocimiento que se puntualice esté orientado a investigaciones con fines privados. Es decir, se re-direcciona la investigación ya no al servicio del pueblo, sino más bien de intereses comerciales.

Entender a la Educación como un servicio(2) y no como un derecho humano da cuenta de la lógica en la cual descansa un posicionamiento. Los profesionales que se forman bajo la injerencia del capital privado deben ser parte de un engranaje que opera de dos formas: una indirecta, que se hace con un recorte presupuestario a las instituciones educativas públicas- con el aval que es concedido por el gobierno- y otra de forma directa, que se da ofreciendo financiamientos para investigaciones o infraestructura. Si bien deben de ser pocos los casos que no se acepta ceder a la mercantilización de la educación y que más bien o se capitaliza como una “conquista” o se acata para pasar el mal rato y evitar costos políticos, no lo son en su totalidad.

Por otro lado, es interesante remarcar que el acceso a una Educación Pública no arancelada no basta. Se necesita una política de acompañamiento que permita garantizar las mejores condiciones de un estudiante en su permanencia y, por tanto, rubricar el camino hacia el egreso. La construcción de una Universidad más inclusiva remite a un trabajo paralelo en cuanto al bienestar estudiantil. Entonces, se debe desplegar un paquete de medidas para los estudiantes que se adecuen a las necesidades: ampliación de Becas, un menú económico y saludable en los Comedores Estudiantiles, generación de estímulos desde el Deporte y la Cultura para fomentar la recreación y el esparcimiento, etcétera.

Ahora bien, si por el contrario la Universidad no expande su mirada para interpretar las condiciones en las que un estudiante realiza su trayecto en la educación superior, no estaría atendiendo a su concepción como tal ni a su rol: un derecho humano al servicio de la sociedad. Las autoridades deben comprender las diferencias que se presentan en el amplio y mayoritario grupo de actores, los Estudiantes.

Tras casi un siglo de la gesta de la Reforma y en plena vigencia de la Ley de Educación Superior, podemos afirmar que “los dolores que quedan son las libertades que faltan”, tal como expuso en el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918 el movimiento estudiantil.

Así expuesto, sigue vigente un reclamo de principios del siglo pasado que debemos tomar parte los estudiantes en la lucha por nuestros derechos en la actualidad: “se nos acusa de insurrectos en nombre de un orden que no discutimos, pero que nada tiene que hacer con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección”(3).

El panorama político actual demanda la necesidad de un Movimiento Estudiantil que sea capaz de frenar el avance de un proyecto que alienta la mercantilización de la educación, allana el camino a la privatización y convierte un derecho humano en un dispositivo generador de recursos a través de la proliferación de entidades educativas privadas y la injerencia del capital empresarial en los planes de estudio.

Citas:

1- ARTICULO 44. — Las instituciones universitarias deberán asegurar el funcionamiento de instancias internas de evaluación institucional, que tendrán por objeto analizar los logros y dificultades en el cumplimiento de sus funciones, así como sugerir medidas para su mejoramiento. Las autoevaluaciones se complementaran con evaluaciones externas. que se harán como mínimo cada seis (6) anos, en el marco de los objetivos definidos por cada institución.

Abarcaran las funciones de docencia, investigación y extensión, y en el caso de las instituciones universitarias nacionales, también la gestión institucional. Las evaluaciones externas estarán a cargo de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria o de entidades privadas constituidas con ese fin(…).

2- La Organización Mundial del Comercio incluye en sus servicios a la enseñanza: https://www.wto.org/spanish/tratop_s/serv_s/s_propnewnegs_s.htm#education

3- Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918:http://www.unlp.edu.ar/uploads/docs/manifiesto.pdf