¿Cómo es el “estudiante modelo” que reconoce el Gobierno?

Lo que fue un plan universal, ahora es un programa de Becas. Entre las modificaciones se encuentra un porcentaje de materias a aprobar por año como requisito, extiende la edad y “premia” algunas carreras. La educación desde la mirada del mercado. Un giro a la focalización de la política.

por Emiliano Frascaroli (*)

Lo que antes fue un plan universal de fomento al progreso educativo para la juventud argentina de los sectores mayoritarios, hoy se convirtió en una beca que premia a quienes cumplen sus requisitos y castiga a los que no. El mérito, tan apropiado en el individualismo, es utilizado para vaciar de contenido político a una decisión política, y reemplazarla por la irreflexión.

Cuando el Estado se achica, se rompen lazos sociales. Cuando los programas universales se recortan a segmentos de la población, es decir se focaliza la política, se restringe un derecho colectivo y se alimenta la competencia. Y si esto se aplica a la educación, nace la mirada mercantil de un derecho humano.

El Progresar es tan sólo un ejemplo que hace visible un modelo de ajuste y re-direccionamiento no sólo de la economía sino también del llamado capital cultural.

El cambio de órbita de ANSES hacia el Ministerio de Educación en las ahora llamadas Becas Progresar implica una dependencia a las variables del Presupuesto Nacional. De allí que, como detalló el Centro de Economía Política Argentina en un informe, el Gobierno promueve el quite del Progresar a 362 mil beneficiariossobre un promedio entre 750 y 800 mil personas dentro. Además, el alcance que tendrá ahora el Progresar excluye a extranjeros en la Educación Superior y a quienes ingresan en Formación Laboral.

La discriminación de carreras y, por tanto, de personas que optan por incursar en tal o cual plan de estudios se ajusta a las variables que la política económica aplicada por Cambiemos puede tener. “Están consideradas como prioritarias o estratégicas aquellas carreras que forman futuros profesionales en rubros de alta demanda en la sociedad, como las Ciencias Básicas, Ciencias Aplicadas y Enfermería”, dicen desde Nación. Esa “alta demanda” no es sólo una herramienta para “premiar” a quienes elijan determinadas carreras y arrojar al abismo a “las que no sirven”, sino que también es parte de un modelo económico. Se estigmatiza ciertas orientaciones y se coloca en el podio a las que se condicen con una supuesta demanda social, que más bien es necesidad empresarial de formar profesionales a sus gustos.

La meritocracia es explícita cuando el Gobierno “le da más” a quienes sacan “altas calificaciones” y exige más del 50 por ciento de materias aprobadas del programa anual de la carrera. La cosa no termina ahí: si cursas/regularizas/finalizas materias de años anteriores o posteriores no son reconocidas como parte de ése porcentaje requisito, amén de que dicha condición puede repetirse en muchísimos casos. Es un mix que concibe como estudiantes “modelos” a quienes tienen un respaldo socioeconómico que no es un patrón general de la masa estudiantil.

Las políticas universales diseñadas y ejecutadas con alcance a gran escala poblacionalson cosa del pasado. La depuración de trabajadores de programas de investigación y/o con fuerte trabajo social en territorio, por un lado, y la involución de la democracia hacia la meritocracia, por el otro, son dos partes de un mismo proceso. No obstante, las políticas focalizadas forman parte del “gradualismo” que enarbolan desde Cambiemos: las restricciones allanan el camino al quite; la premiación a personas que conquisten una calificación “muy buena” castiga a quienes no; la ponderación de “carreras estratégicas” desprestigia a las que “no” e, incluso, invita a su deserción.

Cuando la educación es concebida como mercancía, hay un proceso de elitización de la sociedad; comienza una etapa de uniformar lo diferente a través de la exclusión social; se promueve la competencia; se restringe el acceso, la permanencia y egreso de forma indirecta, por la economía, y se generan los datos que un Gobierno que busca arancelar la educación necesita para mentar una “justificación”.

La figura de “estudiante modelo” que construye Cambiemos discrimina a las mayorías argentinas, recorta beneficiarios y excluye a los potenciales, alienta la competencia y estigmatiza ciertas carreras. Para ser reconocidxs como estudiantes y tener el derecho a acceder a las Becas Progresar, ahora, no tenés que trabajar pero sí “estudiar lo suficiente” para alcanzar notas altas; no tenés que tener hijxs o personas adultas a tu cuidado porque perdés tiempo para “avanzar” en la carrera; no tenés que elegir carreras que “no sirven” pero sí las que el mercado demanda. No hay igualdad si existe la personalización de derechos colectivos. El Gobierno construye y reconoce un tipo de estudiante irreal.

* Consejero Superior por Estudiantes de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta