Cine Argentino: Alanis y el “Trabajo Sexual”

El trabajo sexual obligado. Consumidores de una historia clandestina que oferta la vida de las mujeres como mercancías. Las desigualdades que vomita el Estado y una historia de vida que atraviesa a toda una sociedad.

Por Naty Fernández

El espacio Incaa ofrece una programación especial para el mes de enero, por solo $30 cada sábado del mes se podrá disfrutar de la producción nacional, que incluye Alanis, Nieve Negra, Soldado Argentino solo conocido por Dios y El otro hermano.

El 6 de enero fue el turno de Alanis, un film protagonizado por Sofía Gala Castiglione. La historia está centrada en la vida de una joven de 25 años que elige el trabajo sexual como medio de subsistencia. Mediante el engaño la policía allana su hogar, en el que trabaja junto a una amiga a la que acusan de “trata”. Con el departamento clausurado Alanis recurre a una tía que tiene un negocio de ropa en Once y desde allí intenta recuperar su trabajo con el que mantiene, además, a su hijo de año y medio.

El escenario que plantea Alanis sobre las mujeres en situación de prostitución, deja olvidada la violencia en la que se encuentran. Plantea a la prostitución como una salida a la falta de trabajo, como la elección entre limpiar pisos y vender el cuerpo. En ningún momento pone el ojo en los consumidores de prostitución ni hace mención de proxenetas violentos. En realidad, ante la mirada del personaje, la mayor violencia la ejerce el estado, inventando causas de trata e intentando hacer pasar a las trabajadoras voluntarias como víctimas de una red que se apropia de cientos vidas cada año.

En Argentina, en el año 2012, se sancionó la ley 26.364 de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas, desde su vigencia y hasta el 30 de junio de 2017 se han rescatado y/o asistido un total de 11.169 víctimas, de las cuales el 46% era víctima de explotación sexual. Desde el 1ro de enero hasta el 30 de Junio de 2017 se realizaron 1446 denuncias a la línea 145 (línea de asistencia y denuncia de trata de personas) de las cuales 603 correspondían a explotación sexual, 360 a persona desaparecida, 110 a posible captación y 25 a oferta sexual (Datos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación).

Es innegable que las fuerzas de (in)seguridad bregan por sostener los intereses de los más poderosos y que los derechos de las mujeres no forman parte de esos intereses. También es una realidad que la clandestinidad pone a las mujeres en situación de prostitución en un lugar mucho más vulnerable. Sin embargo, tampoco se puede negar la complicidad de las fuerzas en las redes de trata y la vulneración de derechos.

La prostitución como opción laboral para la mujeres

Según los datos relevados por el indec, en el 2016 , un 47,2% de la población de mujeres se encuentran en actividad, lo cual es mucho menor en comparación al porcentaje de la población de hombres que alcanza el 69,6%. La mayor tasa de actividad de mujeres se da en la franja entre 25-45 años, por lo que la brecha es mucho más grande cuando hablamos de menores de 25 años que se insertan al mercado laboral y en personas mayores a 45 años. Es decir, las mujeres tienen mayores dificultades a la hora de acceder al mercado laboral y de permanecer en él.

Las mujeres, no solo encuentran dificultades para acceder y permanecer en el mercado de trabajo, sino que la brecha salarial es significativa. Según la nota publicada por el diario El País, el 3 de Julio del 2017, entre el 10% de la población que cobra menos de 100 dólares por mes hay el doble de mujeres que de hombres y de cada 100 argentinxs que cobran alrededor de 40.000 (cuarenta mil) pesos, 63 son hombres y 37 son mujeres. Además, casi el 20% de la población femenina total cobra menos del coste de la canasta alimentaria.

En este contexto de precarización que golpea fuertemente a las mujeres hablar de “opciones” de trabajo es una ilusión, mucho más cuando se trata de poner al servicio de los hombres el cuerpo de las mujeres.

Alanis, plantea las decisiones tomadas por una joven que se encuentra en una situación de vulnerabilidad. A pesar de ello desvía la mirada a la hora de hablar de la violencia ejercida por los prostituyentes, de hecho en una de las escenas ella se niega a realizar una determinada práctica y eso es respetado por el consumidor, hecho que se encuentra muy lejos de la realidad planteada por mujeres sobrevivientes a la prostitución, como Lohana Berkins, Diana Sacayan o Sonia Sánchez.

El discurso de la película invisibiliza por completo la realidad del proxenetismo, de la violencia que viven las mujeres en las calles y por sobre todo niega el privilegio que tienen los hombres de acceder al cuerpo de las mujeres como si fuesen mercancías. Este film presenta a la prostitución como una salida viable para las mujeres en situaciones de vulnerabilidad, dejando por fuera los daños tanto físicos como psicológicos o emocionales que genera en las mujeres que se encuentran en esta situación (el estrés post traumático es uno de ellos). La necesidad del mercado de lavar y planchar la imagen de la prostitución, que se refleja en este tipo de películas nos debe llevar a reflexionar sobre las libertades reales con las que contamos, especialmente las mujeres.

Como dijo Lohana Berkins “Yo no me senté en el mullido sillón de mi casa y dije, ‘a ver que me hago, una vecina facha o una prostituta o una travesti ¡No tuve alternativa!¡El Estado me ha impuesto y me ha condenado a la prostitución!’