Rockerito, las pibas que violaste están volviendo.

Cada vez más chicas se animan a denunciar que fueron abusadas por personajes del rock a quienes, como el sistema les enseñó, consideraban sus ídolos. La multitud se sorprende, nosotras no. Aquellas que hemos transitado los espacios del rock y el indie a esto, si no lo vivimos en carne propia -o lo vivimos pero no sabíamos cómo ponerle nombre-, lo venimos intuyendo.

Por Macarena Diosque

 

En el último tiempo salieron a la luz vía Twitter denuncias a Santiago Aysine, cantante y líder de Salta La Banca, banda conocida, además de por su música, por levantar banderas de luchas sociales –al parecer los pibes de Salta La Banca empatizan con todas las luchas menos con la del feminismo-. A las denuncias, él responde en una entrevista con un medio de Córdoba:

“Me parece que hay tanta saña porque en esa primera acusación se hablaba de que yo en principio quise robar un beso que es algo que no he hecho casi nunca en mi vida, salvo con alguien que sí conocía y tenía un vínculo. En segundo lugar, tocar a alguien… una pavada gigante también y por otra parte el hecho de que o sea se me trata como un idiota por creer que yo podría hacer una cosa así en público. Me parece que es algo ridículo desde cualquier punto de vista, sería un tarado.”

Luego procede a decir que es un momento en el que las mujeres quieren decir cosas y “cayó en la volteada” y que “hay al margen de eso un sensacionalismo”.

Hagamos un pequeño análisis de las palabras de este campeón del rock: intenta desmentir ser un abusador diciendo que no sería tan tarado de hacerlo en público. A los abusadores, siempre se les escapa una declaración abierta porque están en realidad orgullosos de lo que hicieron y hacen. Primero, plantea cómo lo haría si fuese a hacerlo -digo, jamás dice que sería incapaz de hacerlo- y segundo, usa una clásica estrategia de abusador: “¿Cómo voy a haber abusado de alguien en público? Si esto hubiese ocurrido alguien que lo haya presenciado lo hubiese denunciado/lo denunciaría en este momento”. Ahí está: como todos los machines alrededor de él en ese momento permitieron aquel abuso y son, por lo tanto, cómplices, no van a afirmar que lo declarado por estas pibas es cierto.

Por si queda alguna duda, previo a las denuncias, Aysine dice en tweets con un periodista de la revista Soy Rock:

A ambos les gusta(ría) abusar de menores de edad y está dicho abiertamente por ellos mismos.

Por otra parte, la banda sacó un comunicado oficial en su página de Facebook:

“(…)Creemos que es central que todos los casos vinculados a la problemática de género sean visibilizados, escuchados y atendidos. Comprendemos y adherimos sin el menor reparo a la posición consistente en atender a los testimonios que refieran a problemáticas relacionadas con las reivindicaciones de género y sus derechos ante la falta de respuestas del principal responsable, el Estado. Eso es más importante que cualquier proyecto musical, individual o colectivo y, por eso, debe estar al frente de las prioridades.

No se hablará en estas líneas de pruebas, las haya o no, sobre las cuales puedan versar nuestras defensas. No es el momento. El objeto de lo que aquí suscribimos es el de afirmar categóricamente la falsedad de las acusaciones de abuso o falta de consenso vertidas en redes sociales. Asimismo aseveramos la inexistencia tanto de circunstancias, como de actitudes y manifestaciones que jamás han ocurrido, o se muestran tergiversadas y descontextualizadas.(…)”

Los chiquillos de Salta La Banca adhieren a la visibilización de las problemáticas de género que son mayores que cualquier proyecto musical, dicen, pero claro siempre y cuando no tengan que ver con el cantante de su propia banda o el propio proyecto musical. Las próximas fechas de estos abusadores y cómplices siguen en pie, cuando paguen la entrada recuerden que están auspiciándoles los abusos.

Hagamos un recorrido por otras declaraciones de violines del rock, que en otras ocasiones nos han deleitado con el nivel de impunidad para decir lo que realmente piensan: no valemos nada y merecemos ser abusadas y violadas.

Mi favorito es Cordera, un ser despreciable por donde lo mires, que sinceramente no me sorprendió para nada cuando dijo que pensaba que “hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo”. Esto es, por lo menos, una declaración que promueve y legitima la cultura de la violación.

Dice el capo del rock argentino en uno de sus grandes éxitos:

cuando no hay sexo, hay muerte

y es también para vos mi amor

estarás al menos tranquila y en paz

tendrás tu merecido descanso

de mi energía fatal

(…)

me cortaré los huevos

y llegará la paz

Claro que sí, para Cordera tener huevos es ser varón y ser varón es ser un violento violador.

 

Otro campeón del rock Ciro Pertusi, integrante actual de la banda Jauría y cantante de la banda Ataque 77, que también levantaba algunas banderas de luchas sociales, en una entrevista con la revista Inrockuptibles en el año 1997 declara: “A tipos como yo les gustan las nenitas: me hago cargo, no tengo drama (…) He vivido experiencias con nenas de 7 años (…) Me hago cargo de mi gusto y de mi vicio. Me da un poco de bronca tener que andar cuidándome: te pueden meter en cana. Pero me di cuenta de que las chicas no tienen drama.”

A Ciro le gustaba, aparte de declararse zurdo, declararse abiertamente abusador y pedófilo.

 

Volviendo al caso de Santiago Aysine, uno de los cuestionamientos que se hace a aquellas víctimas de abuso que decidieron hablar es porqué eligen las redes sociales denunciar y no lo hacen solamente por medios legales. A esos coloridos comentaristas que siempre quieren encontrar alguna manera de invalidar la palabra de las pibas les digo: la justicia patriarcal encajona denuncias por años. Y puedo ponerles un ejemplo concreto de cómo sí funciona hacerlas circular por redes: el caso de Cristian Aldana, cantante de la banda El Otro Yo. Este nefasto machito del under musical, tenía desde el año 2010 denuncias por haber abusado de menores de edad -10 denuncias para ser exacta- y la prisión preventiva sólo se dio cuando las declaraciones de tres de las abusadas en el vídeo “No nos callamos más” difundido a través de la página “Matria” apareció en internet. La denuncia en las redes sociales nos sirve tanto para para empoderar a otras chicas y que se animen a hablar como para visibilizar y ejercer presión pública porque a los medios hegemónicos de comunicación no les resulta, al parecer, de interés público este tipo de casos hasta que no se hacen virales. Les dejo un pequeño pasaje de Cristian Aldana, en su canción “No me importa morir”:

cuando no te acuerdes de nada

serás mía.

Y estas bajo mi control

sólo yo puedo tocarte

y puedo ahogarte

en el vértigo del sadismo.

Si no es esta tampoco una declaración abierta de todo lo que las pibas denuncian en “No nos callamos más” no sé qué lo es.

Aldana, como dije, se encuentra en prisión preventiva y hace un tiempo su brother Corvata Corbalán, integrante de la banda Carajo, contó a los medios que le pidió que lo visitara y declaró: “Estaba muy solo y me pidió ahí que lo pueda visitar y, bueno, voy a charlar con él, lo voy a visitar. No me puedo negar, no me puedo poner yo en juez a juzgar lo que hizo.” Con esto Corvata y su voz sumamente masculina, lo que nos dicen es que lo que su amigo hizo no es juzgable, no está mal y se convierte, por lo tanto, en cómplice.

 

Otro ejemplo de pibas que consiguieron ser escuchadas sólo a través de las redes es de las que fueron violadas por José Miguel del Pópolo, cantante de La Ola Que Quería Ser Chau.

El año pasado Mailén Frías posteó un vídeo en YouTube donde detallaba todo el abuso sufrido por parte de Del Pópolo, la denuncia penal estaba realizada y el examen médico ginecológico confirmaba que había sido violada. Después de eso se produjo un empoderamiento de todas aquellas que habían sido abusadas por este ejemplar del indie y se animaron a denunciar. El pibito progre se encuentra en libertad pero siendo procesado.

 

Todos estos actos consumados de violencia sexual ejercida sobre los cuerpos de pibas dentro del ambiente del rock y el indie tienen como base una serie de accionares que dejamos pasar constantemente. Uno de estos accionares son las letras de las canciones, como fui ejemplificando a lo largo de esta nota, son un reflejo de la cultura machista en la que vivimos y ayudan a naturalizar y promover los discursos violentos, misóginos y heteropatriarcales a través de melodías que se nos pegan y coreamos a los gritos.

Otro, como son tratadas las pibas dentro de las bandas. Podría remitirme a anécdotas de famosas músicas argentinas pero puedo, en cambio, mirar hacia al costado y preguntarle a la chabona con la que me tomé una birra el sábado. Dice Valen Taina, música salteña, entre numerosas anécdotas, que en una ocasión la invitaron a participar de una banda y cuando comenzó a dar opiniones activas sobre la composición musical le contestaron que a ella la habían invitado para que fuese la imagen femenina, entre líneas o ni tanto, a que se ponga un vestido y sonría en el escenario pero no participe en nada más. Le pidieron inmediatamente que abandonase el proyecto.

Puedo también remitirme a mi tránsito por recitales y contarles que en el año 2004 fui a ver Green Day y quise meterme como cualquier otro al pogo y los varones me empujaron fuera cada vez que entré. O que en el 2007 cuando Casandra, banda local de pibas, tocaba caían chabones a tirarles botellas vacías. O que en el año 2010 fui a ver Massacre y un amigo me sacó del pogo diciéndome “este pogo no es para mujeres”. O que el año pasado fui a ver La Banda De Tu Hermana, banda indie local que sigo mucho, y si no recuerdo mal el cantante contó al micrófono que el barman del lugar le había dicho que deje de hacer subir a sus amigos a bailar y cantar los temas y que en cambio suba minitas.

Estas pequeñas anécdotas ilustran un poco cómo están en funcionamiento dispositivos constantemente para decirnos cuál es nuestro lugar en el rock. Sin embargo, hay pibas que con gran valentía se paran en un escenario, frente al público hostil del patriarcado y dicen NOSOTRAS TAMBIÉN SOMOS AUTORAS EN LA CREACIÓN. A ellas las aplaudo al igual que a aquellas que transitan como espectadoras y se animaron y animan a denunciar y decirles a esos rockeritos hijos sanos del patriarcado: LAS PIBAS QUE VIOLASTE ESTÁN VOLVIENDO.